¿Qué difícil nos resulta contarnos la verdad?.

Ser sincero con uno mismo es una actitud del Desarrollo Personal que no suele ser fomentada. Buscamos nuestra verdad en explicaciones que pretendemos vengan de otros, que, expertos en diferentes disciplinas, pueden ofrecernos las claves interpretativas de nuestro pasado y nuestros sueños, y, entonces, coger de lo que nos dicen, lo que nuestra mente selecciona como útil  y elevarlo a la categoría de verdad.

Más iluminar nuestras miserias más profundas, nuestras zonas más oscuras nos cuesta.

No se trata de ser un excelente ser humano. Un pequeño dios. Se trata de conocernos, que saber quienes somos realmente y sanar todo aquello que en cada momento, en el ahora,  pretende alejarnos del Amor que somos.

Las comprensiones sobre el pasado, las evidencias en nuestros sueños, pueden servir o pueden complicar aún más la madeja, pues pretendemos sólo entender y más bien se trata de sentir para integrar y sanar. En suma, perdonar, abandonar el resentimiento.

Para lograr una sanación es necesario el corazón. El lo sabe todo tal y como es, no tiene filtros como las memorias de la mente. Ve la realidad tal cual es. Nos ve como somos. Por eso preferimos la mente, que omite, tergiversa y generaliza la realidad ofreciéndonos una verdad inexistente.

El Cristianismo identifica la sinceridad con uno mismo, con la pesada cruz que todos llevamos y de las que nos liberarnos por AMOR y con AMOR.

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