De los monumentos más admirados en toda la tierra sólo se admira lo que se ve. Pero para que se mantengan en pié precisan de lo que se denominan cimientos.

Los cimientos de todo cuanto se hace o emprende suelen quedar ocultos. Nadie los ve e incluso tendemos a olvidarnos de ellos.

Los cimientos son la base. Nadie empieza la casa por el tejado dicen nuestros abuelos. Todo tiene un primer día, una primera piedra, la piedra angular que sostendrá todo el entramado.

Cuando nos olvidamos de los cimientos, cuando los descuidados la ruina puede ser una consecuencia.

En Desarrollo Personal la inconsciencia es la carcoma de los cimientos de nuestra vida.

Nuestros cimientos son siempre espirituales y son como piedras vivas. Si las dejamos morir todo nuestro sistema vital se adormece y vive en un profundo sueño en el que podemos contemplar la vida desde un yo que pese a todo no logra la plenitud.

Quien mantiene vivas las piedras, los cimientos espirituales de su existencia, suele estar despierto en la vida y alcanza con mayor facilidad cotas de plenitud superiores.

Las piedras vivas de nuestra naturaleza espiritual se colocan en la infancia y juventud. Más tarde el proceso requeriría una total reconstrucción de los cimientos, un proceso reeducativo laborioso.

Las piedras vivas son las que no se ven pero sustentan todo lo que ves.

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