No son los hombres y mujeres de moda. Los mansos no suelen formar parte de la cabeceras de las noticias. No suelen ser protagonistas.

La mansedumbre no se enseña porque no se sabe enseñar y menos aprender. Ser manso de corazón y espíritu no se considera una necesidad, más bien se observa como un obstáculo para vivir. Suelen ser identificados de tontos y tontas quienes son sorprendidos en su mansedumbre.

Al desconocerse la esencia de la mansedumbre se desprecia.

Es una actitud antigua y milenaria practicada tanto en Oriente como Occidente por muy pocos. Suele ser representada en hombres y mujeres sencillos y humildes de gran sabiduría interior. Como fenómenos extraños e incluso extravagante.

El manso no es cobarde. Puede gestionar la ira de manera más racional que el resto que lo hará de manera irracional.

El manso es proactivo, no es pasota. Puede conseguir sus fines y metas trabajando con el corazón más que con la mente. Más con la intuición que con la inteligencia.

El manso no es orgulloso ni soberbio. Se reconoce en los demás y no ensimismo.

Los mansos acabarán conquistando el mundo pues el camino está dirigido hacía la paz y la concordia.

Ser manso requiere entrenamiento y voluntad. Hábitos y disposiciones hacía la paz. Son los precursores de la cultura de paz. No resuelven conflictos, evitan su producción.

Ser manso para alcanzar los sueños y metas. Hoy se llama saber ACEPTAR.

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