Las «Tres Estancias»: Cuerpo, Mente y Alma.

Todos nos ocupamos de dos: La Mente y el Cuerpo. Más solo algunos del Alma.

El Alma es la Estancia de la eterna espera. Su morador a veces nunca llega. En ella no caben recuerdos, sueños, cosas o personas, para todas ellas está la Mente y el Cuerpo, mas para el Alma solo UNO, uno sólo.

Se la niega y/o se la ignora, más quien logra que sea habitada da Fe de que existe.

A lo largo de la historia y por las diferentes culturas ha recibido diferentes nombres tanta la Estancia del Alma como su morador. Pero en todas ellas se reconoce su existencia.

Se puede vivir con el Alma vacía.
Se puede morir con el Alma vacía.
Se puede vivir contra el Alma.
Se puede vivir desde el Alma.

Vivir desde el Alma requiere vivir consciente y en atención plena pues su morador habla en leves susurros, como el viento, pues parte del viento es. Su llegada es fogosa, como el fuego, pues fuego es. Una vez habitada la estancia del Alma la experiencia es personal, singular, intransferible, individual…solo para uno, pues UNO es.

Más quien tiene habitada el Alma a nadie pasa desapercibido, alabado y ensalzado, denostado y perseguido, pero nunca indiferente, camina por la vida con la Luz del fuego y la fuerza del Viento, capaz de calentar y abrasar, capaz de acariciar y levantar. Su paso es huella, su camino no se hace al andar, pues es el propio camino que otros han de andar.

Quien en el Alma habita ya no se quiere marchar y abandona el Cuerpo y la Mente pues solo en ella quiere estar.

Ven, no te vayas, ven, ven a morar, llena mi Alma, en ti quiero estar.

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