La falsa humildad canta como los zapatos al final del día después de una jornada calurosa.

La humildad a medias es como una sopa fría.

La verdadera humildad suele ser tan infrecuente como una rara avis.

El «camino de la humanidad» es una actitud de la voluntad. Disciplina que entrena hábitos, que generan costumbres e imprimen el carácter de la humildad.

Ser humilde es la antítesis del propio ego que pretende sobresalir por propia esencia. Quienes la gestionan saben que forjar una fuerte personalidad puede ser la trampa de la mente para sortear la humildad.

Impropia del siglo XXI, la humildad suena a antiguo y sólo es cultivada por escuelas filosóficas y religiosas muy antiguas. Santo y seña del cristiano. Pero en la actualidad poco buscada y más bien denostada y confundida en posturas y poses de renuncia.

La humildad no es renuncia. Es una opción por lo que la mayoría desechamos: El olvido de sí, la condición de filiación divina y la actitud de gratitud.

Ante un humilde nuestro corazón se postra, pues lo reconoce rápidamente.

Sólo puede ser perfecto humilde el más poderoso sobre la tierra.

¿Qué entiendes tu por poder?

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