SEMILLAS.

Como mucho plantamos semillas.
La mente se apropia de las creaciones humanas con gran facilidad y suele presentarlas con frases como:»Esta es mi obra maestra».»La obra de mi vida». Y esta capacidad de apegarse al resultado provoca un sentimiento muy poderoso: El orgullo.

Sentirse orgulloso hasta de uno mismo. Hay que sentirse orgulloso era la máxima de otros tiempos. El orgullo era patrimonio intangible del hombre y causa incluso de enfrentamientos como los duelos por el orgullo herido.

El orgullo nos acompaña desde siempre y es un sentimiento muy complicado de analizar por las implicaciones emocionales y mentales que despliega en cada caso.

Una manera de trabajarlo es considerar que solo somos planeadores de semillas. Que las plantamos todos los días en cada instante y cada momento en lo que hacemos. Y que esas semillas ya llevan inmersas el código de la sabiduría que requieren para alcanzar la planta que con el paso del tiempo llegarán a ser. Poco más ponemos o hacemos.

Si ponemos el sentimiento del orgullo al servicio de lo pequeño y ordinario nuestra mente se habituará a reconocer la grandeza de lo sencillo y se reconfortarà con poca cosa, sintiendose orgullosa de las cosas más cotidianas.

El orgullo del semillero del viverista.

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