AUDIENCIA.

Uno de los retos que tenemos hoy muchos es tener audiencia. Muchos seguidores en las redes sociales, oyentes o telespectadores según sea nuestro caso.

«El fin no justifica los medios» nos decían los abuelos y en muchas ocasiones olvidamos esta máxima de experiencia.

Provocar una sonrisa o hacer llorar. Tensar los nervios o inducir miedo. Provocar emociones es el camino más corto para lograr atención y desde ahí lograr el «me gusta» o la audiencia.

Quienes viven de la audiencia pueden verse tentados a gestionar las emociones de terceros hasta su manipulación.

En nuestra vida diaria y personal no somos diferentes. Podemos llegar a ser muy crueles con nosotros mismos por el mero hecho de querer gustar. Podemos realizar hechos y actos que luego juzgamos muy severamente por ganar el aprecio de alguien o de muchos. Perdemos nuestra esencia «por quedar bien» como se decía antes.

Buscamos audiencia, atención y aprobación de los demás y generamos un programa de difusión de lo que queremos que los demás piensen de nosotros pudiendo degenerar en caricatura. Creando un personaje con el que al final nos identificamos y nos identifican.

Cuando cambiamos, cuando abandonamos el personaje nadie nos reconoce. Cuando ya no buscamos audiencia, tan sólo amigos y compañeros de camino, entonces la libertad que se siente inunda todo tu ser y te sientes por primera vez protagonista, pues el guión de tu vida ya no lo marca la audiencia, lo marca tu corazón.

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