AVAROS DEL TIEMPO.

El tiempo es la dimensión terrenal de nuestra existencia. Fuera del tiempo los caminos están aún por descubrir. Habrá que esperar para ver como se vive fuera del tiempo.
El tiempo es limitado en esta dimensión. Desde que nacemos y hasta que morimos es una cuenta atrás.
Nacemos con este regalo inmenso que como es invisible e intangible se nos pasa volando y sin darnos cuenta,  ¡Zas!: El final.
Aprender como se maneja el tiempo debía ser una asignatura oficial del método educativo.  Ya decían nuestros abuelos:»Aprovecha el tiempo».
Ser avaros del tiempo es no desperdiciarlo. Es atesorarlo cuidarlo y mimarlo. Y como el futuro no es tiempo ni el pasado tampoco quien con la mente en estos viajes se mete sencillamente «pierde el tiempo». El único tiempo que atesorar es el presente, el AHORA, el único que hay que cuidar de forma avara para que la mente no nos la arrebate.
«Me ha hecho perder mucho tiempo» decimos de quien nos ha entretenido o «he perdido el tiempo» decimos cuando nos hemos distraído del objetivo, meta o tarea propuesto de antemano. Más nunca perdemos el tiempo con nadie y con nada si al corazón se lo confiamos. Si es el corazón el que gestiona el tiempo y no digamos si lo hace en pareja con la respiración. Dos guardianes del tiempo que solo existen en el ahora.
Mientras que la mente vuela ensueña, imagina y rememora. El corazón y la respiración nos permiten estar anclados en el presente.
Confiemos nuestro tiempo al corazón y la respiración y saquemos los réditos que  supone invertir el tiempo en estos dos grandes banqueros que lo custodian y cuentan. Pues se pasan la vida contando el tiempo. Sí, escuha: ¿los oyes contar? Sí, unidad a unidad, latido a latido…

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