Un Cursillo de AMOR: MI EXPERIENCIA PERSONAL


Un día cualquiera tropiezas o encuentras, pues así lo buscas, el AMOR DE LOS AMORES, encuentras el AMOR. Así lo sientes, así lo percibes y ningún  razonamiento puede impedirte alcanzar la conclusión de que lo que has sentido y experimentado es el AMOR DE LOS AMORES, el AMOR del que hablamos en este Cursillo. ¿Qué haríamos? A buen seguro que guardarlo, a buen seguro que intentar retenerlo, a buen seguro que sujetarlo de alguna manera a la mente, al recuerdo, para que no se vaya, para que se quede. Nuestra primera reacción es permanecer, permanecer en el AMOR.

Todos hemos experimentado este encuentro. Tengo la convicción personal de que todos los seres humanos lo tienen una o varias veces en su vida y que el grado de recuerdo depende del grado de consciencia con que el encuentro se produce.

Cuando el encuentro se produce en una plena consciencia de reconocimiento, entonces, tienes una experiencia de la que puedes hablar y de eso se trata hoy, de contar mi experiencia personal en el encuentro con el AMOR DE LOS AMORES.

Puedo deciros que desde entonces vivo solo pendiente de que no escape de mi vida. Cada día, cada noche está orientada a retenerlo, pues aunque sé y siento que habita en mí, lo abandono, lo dejo sólo en innumerables ocasiones, casi la mayor parte del día, pero avanzo y he avanzado y los encuentros son cada vez más frecuentes.

Ahora reconozco otros encuentros en el pasado y reconozco que entonces no era el momento, no estaba aún preparado para retenerlo y disfrutarlo de manera consciente como ahora. Pero hoy por hoy dispongo de herramientas y métodos para volver cada vez que quiero a contactar con este AMOR. No es fácil y aunque no desespero, si es verdad que en ocasiones el camino se me hace cuesta arriba pese haberlo andado cientos de veces.

Confiarle mi vida ha sido uno de las mejores decisiones que he tomado, desde entonces nada mi falta de lo que necesito, El se ocupa.

Vivo una vida de continuo diálogo con El, pero he de observar a quienes pretende arrebatar, y lo logran, estos momentos de diálogo y presencia. Me he convertido en un observador, como el guardabosques subido en caseta de vigilancia en el bosque oteo en el horizonte la mente para verificar pensamientos, sentimientos, acciones, reacciones…todo cuanto me aleja de EL. Y lo logran, los pensamientos, como arboles, crecen y no me dejan ver, ni oír, ni sentir, por eso debí colocar en mi vida espacios y tiempos para estar a solas con EL. Establecí una disciplina constante para que durante todo el día pudiera estar con El. Pero el bosque es frondoso y me pierdo y a veces incluso me meto en los bosques de los demás y entonces pueden pasar horas e incluso días casi sin contacto, pese a que pongo en marcha los mecanismos verbales, corporales y mentales precisos.

Sé que siempre me acompaña, pero no me basta, quiero ser consciente de que me acompaña, porque cuando aumentas la presencia en el AMOR, cuando te acercas lo suficiente te conviertes en el mismo AMOR, eres el AMOR y ese instante, ese momento no tiene palabras para ser definido. Son chispas de segundos, instantes sublimes de eternidad que te dejan renovado por dentro y por fuera pero que no duran, que no se pueden retener.

He aprendido que cuanto más andas el camino para acercarte a EL se producen una serie de efectos en la vida, una serie de habilidades y actitudes que puedes utilizar, pero primero tienes que aprender a utilizarlas, pues aprender a aprender es el primer paso, ya que la mente te dirá que lo que pretendes es imposible, algunos los llaman milagros. Hablar de milagros en mi vida era al principio algo comprometido pues podrían tacharme de loco. Preferí dejarlo en mi intimidad y ahí se queda siempre. Pero todo cambió cuando tropecé con esta frase:

Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro"

Entonces comencé a prestarla atención plena a cada instante de mi vida y ver y sentir y escuchar como cada paso que daba se producía uno, tras otro y que sólo dejaban de existir cuanto mi mente se adueñaba de la vida para interpretarla a su gusto y no a gusto de EL.

Solo siento gratitud, una profunda gratitud por este Don, que aún me cuesta aceptar pues no me considero ni muchos menos digno de El. He caminado por la vida de la mano de mi mente, creyendo exclusivamente en lo que veía, oía y sentía, y durante esa etapa fui capaz de cometer las mayores aberraciones que uno se pueda imaginar. No creo que haya quedado ninguna por experimentar. Por ello, teniendo en cuenta mi vida pasada e incluso las traiciones presentes y recientes, que te amen, con tan inmenso AMOR, que una y otra vez te reciban con los brazos abiertos, la sonrisa en la cara y el corazón  lleno de AMOR es lo más grande que existe sobre la tierra y me basta, me basta, me basta cada día para seguir viviendo.

El AMOR, que para mí es Dios, en el arquetipo cultural y religioso que en la dimensión terrenal me ha sido asignado, que acepto e intento perfeccionar, sólo quiere que le amemos con todo nuestro ser, con todo nuestro cuerpo, nuestra mente, con todo…Solo eso, nada más, no tenemos que sustituirle para hacer de este mundo un mundo mejor, basta con amarle, pues al amarle se produce el milagro de que se transforma el mundo y si todos fuésemos capaces de ello el mundo cambiaría.

En mi primer contacto con el AMOR, hace ya más de cuarenta años, creí entender que estaba llamado a cambiar el mundo, que tenía que cambiar el mundo para hacerlo mejor y me junté con otros que así lo entendían también, primero fueron de Iglesia y luego de un partido político, quería ser misionero o político, quería cambiar el mundo, acabar con la guerra, las injusticias y el hambre. Ahora me doy cuenta del tremendo error de querer sustituir a Dios, de que querer para el mundo  lo que EL no ha hecho hasta ahora. Ahora me doy cuenta de que sólo quiere que le ame, que le de lo que EL me da. Con la misma abundancia, con la misma frecuencia, que es TODO y SIEMPRE. Y entonces es cuando me convierto en otra persona, cuando dejo el personaje y comienzo a SER.  Y cuando logro SER me hago UNO con EL.

Este es mi credo. Esta es mi experiencia. Encontré en mi entorno la formación adecuada para la mente, pues es la primera que hay que reeducar, encontré el Plan de Vida más adecuado para mis condiciones culturales y educativas previas y aplico todos los días la recetas que otros antes que yo han aplicado con éxito, hombres y mujeres similares por haber  sido educados previamente en los mismos arquetipos culturales y religiosos que yo. No siempre lo consigo pero sigo en el camino.

Creo que todo el mundo puede lograrlo, pero no me empeño, tan solo espero a que aparezcan en el camino para acompañarlos un trecho, aprender de ellos y seguir ADELANTE.


Doy las gracias a todos cuantos aparecen en mi vida todos los días pues todos y cada uno de ellos son maestros que me enseñan cada día un poco más de este camino. No hace falta retirarse del mundo, aunque yo lo haga de vez en cuando y es cuando con más frecuencia siento su presencia, basta con quedarse donde estás y vivir de manera consciente y enfocado en el AMOR y entonces es en los demás donde encuentra la mayor intensidad del AMOR que somos, en los otros, en todos y cada uno de vosotros. Por eso cuando me meto en mi pequeño yo me alejo de Dios, del AMOR y cuando me doy a vosotros lo encuentro. Por esos momentos a todos GRACIAS.

Un Cursillo de Amor : EL AMOR EN LO PEQUEÑO.



Si el amor es lo más grande, donde mejor se manifiesta es en lo pequeño. Un beso, una caricia, una sonrisa, un guiño de un ojo, un abrazo…y tantos y tanto gestos, pequeños que son para los enamorados una profunda sima de amor en la que perderse y saborear lo profundo del sentimiento. No hay amor sin estos gestos pequeños y si faltan se considera un síntoma de que el amor puede haber desaparecido. Un regalo, una llamada de teléfono, una sorpresa, una palabra…Aparecen en nuestras vidas de la mano de la persona amada y se nos abre en el pecho un mar de plenitud, una sonrisa en la cara y el mundo por un instante parece y es maravilloso. Un sublime instante de amor gracias a un pequeño gesto, un detalle, un toque de atención y es que de atención se trata, de prestar atención al amor, como se haría con planta para que no se seque y se angoste, todos los días un poco de atención, basta un poco de atención y el poder del amor surge y se mantiene.

De la misma forma que en el sentimiento, en el AMOR como SABIDURÍA, en el AMOR del que estamos hablando en este Cursillo y que recordamos:

“El AMOR como “SABIDURÍA INFINITA que nos permite conocer la VERDAD”. Este es el AMOR del que hablamos en este Cursillo y si el AMOR es infinito como  Sabiduría, forma parte de la eternidad y es en ella donde lograremos alcanzar su plenitud y en la tierra la única expresión de la eternidad que tenemos es el AHORA”.

El AMOR se mantiene en las cosas pequeñas y la más pequeña que tenemos y que es plenamente nuestra es el justo instante, cuasisuspiro de la vida, el AHORA. Si en el amor es atención, en el AMOR es ATENCIÓN. Una ATENCIÓN al momento presente, que es lo mismo que la vida, y, en el momento presente lo que hay puede ser el sol, la luna, el aire, las estrellas, la lluvia, el canto del pájaro, unas montañas, los árboles, una persona, un paisaje, en fin y para resumir, un sentido: Un olor, un sonido, un sabor, una sensación táctil, una visión. Cuanto estamos presentes en esos momentos, instantes, segundos, como arena del desierto en la palma de la mano que se desliza entre los dedos, dejando un leve pero sutil hormigueo en las manos con un casi imperceptible sonido de arrastre de la arena según cae al suelo mientras siento el calor que desprende sus miles de granos de arena calentados por el sol y saboreo ese instante y me siento vivo. Ese es el justo momento de ATENCIÓN que la vida requiere en el que el AMOR se manifiesta.

Mantener esta actitud de ATENCIÓN presente y constante requiere de un entrenamiento de los sentidos, de la mente, del cuerpo y un SER, que como observador, será el espectador privilegiado de la belleza que irradia la vida en cada instante. En este entrenamiento los detalles de la vida cotidiana son un campo de entrenamiento vital para un desarrollo de esta actitud de vida. Lo pequeño, centrarme en lo que hago en cada instante, sea lo que sea, con total atención, con esfuerzo humano pero intención divina. Poniendo “cuerpo y alma” como decían nuestros abuelos. De esta forma mi mente se acostumbra a pararse, a centrarse, a focalizarse en lo pequeño, lo ordinario, lo cotidiano, lo más insignificante. Sin caer en lo puntilloso, el perfeccionismo y lo maquineo, el AMOR está en todo lo que hacemos con ATENCIÓN.

Nuestra mente busca aventuras y admira los logros grandes y esplendorosos y si están rodeados de éxito material y fama, más aún, nuestra mente, ambiciona y presta atención a esa meta que para ella es puro deseo dejando de lado la vida, lo que nos rodea en pos de un afán conquistador y guerrero.

Nuestro corazón se queda en la vida, en el ahora, explorando la infinitud del momento presente. Pensemos en una ceremonia del Té japonesa. El corazón detiene con la ATENCIÓN entrenada la vida para nosotros, la graba como recuerdo y hace surgir el AMOR en lo que estás haciendo. Hecho de pura ATENCIÓN no podemos alcanzar una consciencia plena del AMOR sin el testigo de la verdad, de lo que ocurre, el notario de lo cotidiano y ordinario, el SER. Mientras nuestra mente busca en el más allá, nuestro corazón se queda quieto ante el presente.


Ahora estás leyendo. ¿Cómo has leído este artículo?. Mejor, ¿ha sido con la mente puesta en lo siguiente que tienes que hacer? o, ¿ha sido con el corazón fijo en el momento presente?.